-¿Tu hermano sabe algo de todo esto?-Le pregunto, mientras me da los platos para meter en el lavavajillas.
-Bueno... sabe lo nuesto... y sabía que estaba en comisaría cuando no fui a clases. Supongo que lo demás... se lo imaginará a medias.
-Debe de estar preocupado.-murmuro.
-Supongo que sí...
Nos quedamos callados. Le miro abstraída y recuerdo una pregunta que quería hacerle.
-¿Recuerdas hace una semana, cuando viniste a saludarme y yo estaba lavando el coche?
-Claro.
-Salías de la comisaría. Y la sheriff te estaba regañando por algo. ¿Qué era?
Se para y me mira unos instantes. Se sienta en la misma silla que la noche que me besó por primera vez.
-Me había metido en una pelea.-Dice al final.-Y según varias personas, yo era el responsable.
-¿Por qué? Cuéntamelo todo, P.A-me siento en la silla frente a él, como hace una semana.-Confianza-le recuerdo.
-La tarde anterior había salido a dar una vuelta para conocer mejor el pueblo. Mi hermano había salido un rato antes. Se ve que a los amigos de Nathan les pareció gracioso ofrecerse a enseñarle el pueblo y meterse con él una vez lejos de la vista de la gente. Cuando caminaba junto al río les oí reírse y tuve curiosidad. Los muy cobardes... tres contra uno. Henry estaba tirado en el suelo y le daban patadas. Nathan se reía. Todos se reían.-Aprieta los puños-No me arrepiento de ningún golpe que les di. Al principio se sorprendieron.-dice con una sonrisa triste-Nunca nos habían visto juntos, así que al ver que quien le había dado un puñetazo en su careto de matón a uno era igual que el chico al que estaban pateando no reaccionaron inmediatamente. Aunque enseguida se les ocurrió que lo mejor era darme a mí también. Aunque el más cobarde fue Nathan: llamó a comisaría y una vez llegó la sheriff, se encargó de que mi hermano y yo quedásemos como los causantes de la pelea. Como no podía convencer de lo contrario, asumí la responsabilidad que habia caído sobre los dos. Mi hermano no estaba acatarrado. Tenía encima una paliza.
-Dios... es... increíble. Y pensar que yo estuve loca por Nathan...-digo.
-Luego finjió que no me conocía de nada.-reflexiona un momento y sonríe-al menos al salir de comisaría ese día, tuve la oportunidad de acercarme a ti. Te quedan muy bien los petos.-me guiña un ojo y me besa en la mejilla. Yo sigo pensativa, y le sonrío.
-Ahora entiendo por qué le pegaste tan fácilmente aquella noche. Ya estabas hasta las narices de él.
-Bingo-responde.-Me la tiene jurada. Y como se entere de que estamos juntos... bueno... Me gustaría evitarlo un tiempo. Tengo miedo de que te haga daño a ti.
-Tranquilo... es un capullo. Pero no creo que me vaya a hacer daño... en serio. Además, si quiero ayudarte, tendré que finjir un tiempo a su lado ¿no?
-¡¿Qué?!-Exclama-no hace falta, princesa. De veras. Además, puedo ir yo a...
-Marcus, escúchame-le digo, sujetando su cara. Rozo mi nariz con la suya- No podrás salir de esta sólo. Y yo soy la que puede ayudarte.
Y justo en ese momento suena mi móvil. Nathan.
-¿Es él?-me pregunta al ver mi expresión.
Asiento y contesto. Nathan me avisa que en quince minutos vendrá a "hacerme compañía". Y yo le digo que le espero aquí. Me envía un beso. Yo otro. Colgamos.
-Viene para aquí. Ven, te enseñaré dónde puedes esconderte cuando lo necesites.
Le conduzco al cuarto de los trastos en el tercer piso. Hay un viejo sillón junto a la ventana, una cuna de cuando era un bebé, un carrito de la misma época, cajas de ropa y varias lámparas estropeadas. Y también un colchón apoyado contra la pared.
-Acogedor-evalúa Marcus.
-Lo sé, es incómodo...
-¿Qué dices? Esperaba que me llevases a un armario-sonríe y se sienta en el sillón.-me gusta.
Voy a besarle cuando llaman a la puerta. Cierro la que me comunica con Marcus y bajo. Al abrir, Nathan me saluda sonriendo. Cuando cierro ls puerta, me rodea la cintura y me besa, sacando un ramo de flores. Una imagen digna de película, a decir verdad. Pero yo me siento dividida entre la atracción inevitable que siento hacia él cada vez que me toca y la realidad de que cada vez le temo más y lo veo como un cabrón.
-Siento todo lo de ayer, rubia. De verdad ¿me perdonas? Di que sí...
-Claro, cariño-respondo, siguiéndole el juego y poniendo en marcha la gran farsa. Sonrío como buena actriz.
-Tengo que contarte sobre este caso. Quién lo diría de ese marica ¿eeh? La verdad es que me pareció desde un principio...
-esto... Nat... Te noto cambiado...
-Oh, amor, tranquila. Es que me pone de los nervios pensar en lo engañados que nos tuvo a todos. ¿Te conté que intentó darnos una paliza? Solo que vi que la cosa se ...pondría mal y llamé a la sheriff. Menuda bronca le cayó...
-Nathan... -le digo- prefiero que me hables sobre lo que pasó... ¿no eres tú el único testigo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario
No te vayas sin comentar! :D