lunes, 1 de abril de 2013

Mi alma

Mi alma.
Azul, blanca y gris.
Mi alma.
Igual que yo, pero más ligera. Tan ligera que puede volar e ir a donde yo quiero pero no puedo.
Mi alma, a la que no puedo guardar y envolver para protegerla de golpes porque es claustrofóbica y aracnofóbica. (Al lado de cosas envueltas siempre hay arañas)
Mi alma. Que desde hace tres días está tendida al sol, lejos, respirando aire puro, secándose. Recuperándose.
Desde hace tres días tiene un rasgón. Un rasgón negro a la altura del cuello. En el lado derecho. Un rasgón hecho con uñas.
A mi alma no le duele. Quiere conservarlo. Pero tengo que coserlo. Porque ese rasgón lo hizo él al rozar con sus dedos mi cuello. No lo sentí entonces. Tengo su marca ahí. No se ve a simple vista. No está en la piel.
Si no que está en mi alma.
Un rasgón hecho por sus dedos.
Un rasgón sin forma.
Un rasgón negro como mis pupilas.
Ahora mismo mi alma está lejos y me siento vacía. Sé que cuando vuelva a mi lado sentiré el rasgón con más intensidad.
Y entonces... ¿qué pasará?
Estoy aguantando bien.
Aunque acaba de empezar.
El rasgón no va a hacerse más grande, porque lo coseré. Y no lo sentiré más.
No recordaré más el roce de tus dedos en mi cuello.
Ni tampoco en mis manos. Aunque claro.
Ahí no hay rasgón.
Tan solo pequeños rallazos negros que no notaré apenas...
¿no?

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