jueves, 25 de abril de 2013

Es bonito tener alguien a quien contarle tus preocupaciones.

Es bonito tener alguien que te alegre el día sólo por el detalle de saludarte y preguntarte cómo estás sin que tú inicies la conversación.

Es bonito tener a alguien que te calme cuando te estás ahogando en tus sentimientos sin saber si gritar, llorar, o seguir asfixiandote ¿verdad?

    Me gustaría saber este último. Me gustaría dejar de notar el corazón salírseme del pecho y los ojos a punto de desbordar, sin razón aparente, y ocultarlo.

    No me duele que pase, en realidad. Me duele ocultarlo. Me gustaría llorar y llorar en el hombro de alguien que pudiera, simplemente, escucharme.

    Pero no puedo explicar qué me pasa si ni yo consigo saberlo. No entiendo por qué un día estoy muy contenta y siento que nada puede hundirme, y al siguiente todo se me viene encima, incluso aunqur haya tenido un buen día.

     O los días como hoy: empiezo muy contenta. Y termino desanimada, triste, nerviosa... sin saber por qué.

     Y eso que ha sido un buen día. No ha pasado absolutamente nada que pudiera alterar mi estado de ánimo ni ponerme nerviosa.

    ¿No?

martes, 23 de abril de 2013

Se busca. CAP 19

-->¡Esto es lo que sucede antes de lo que vas a leer!<--

Antes de leer el capítulo, está el prólogo con el que empecé a escribir esta historia.
Quien no lo recuerde, puede refrescarse la memoria volviendo a leerlo, como señalo en el enlace de arriba :3
Y eso, ¡espero que os guste!
Poned algún comentario, porfabolis, que los echo de menos jajaja
¡Disfrutad! (Dentro de lo posible xD)




lunes, 22 de abril de 2013

Se busca. CAP 18

-¿Por qué?

    Lo detengo cuando sale del trastero. Vuelve a tener su sudadera marrón y sus baqueros. Y sus deportivas blancas. Tiene en la cara rastros de lágrimas y los ojos rojos. Baja la mirada y le corto el paso con el brazo.

-¿Por qué?-repito, aguantando las ganas que tengo de abrazarle y descubrir que esto es un mal sueño.

-Emma... no quiero usar ninguna excusa. Te he mentido. Ya está. Te he mentido en lo más importante de todo, y no puedo dar marcha atrás. Incluso aunque me perdonaras, cosa que no merezco, he cometido un crimen y sin darme casi cuenta, te he convencido de que lo había cometido otra persona. -Me mira-no tengo perdón ¿entiendes?

-Lo único que entiendo es que merezco una explicación. Al menos eso.

    Baja la mirada de nuevo y da un paso hacia adelante. Vuelvo a poner el brazo, y esta vez le rodeo con los dos para detenerle. Él se queda inmóvil, con sus brazos pegados al tronco, inmovilizado. Cierro los ojos con fuerza para no llorar de nuevo. Me fallan las fuerzas y caigo a sus pies, rodeando sus piernas, sentada en el suelo. Coloco mi cabeza entre sus rodillas mirando hacia abajo, buscando un punto de apoyo. Él respira y se agacha, separando mis manos y sujetándolas entre las suyas, contra su pecho.

-Henry y yo estamos solos en este pueblo. Nuestra madre trabaja en Díncenis, y no puede venir a vernos. Ella quería que estudiásemos aquí porque pensaba que necesitábamos independencia, y que el campo nos ayudaría a cambiar de ambiente tras la muerte de nuestro padre. Ya sé que este sitio no es precisamente campo, pero es lo que más se parece en la zona, y la casa era herencia familiar...-aprieta mis manos- Yo sé que en realidad nos alejó de ella para que no veamos que trabaja día y noche para poder pagar las medicinas de Henry y nuestra abuela. Aún así, hice lo que dijo, y vinimos aquí. Supongo que mi hermano también lo sospecha. Lo que no sabe es que cuando hace dos semanas fue al médico, nuestra madre llamó para hablar conmigo. Estaba derrotada y necesitaba contárselo a alguien. A él aún no quería preocuparle y a la abuela menos, con sus problemas de corazón. Henry necesita una operación. Por ahora no es urgente, y puede esperar unos dos años. Pero es recomendable hacerla cuanto antes. El problema es que es demasiado cara.-Hace una pausa y yo tiemblo. No podía imaginar algo así... Henry... ¿de verdad está tan mal?- Le pregunté qué haría, y dijo que buscaría otro trabajo por horas para aumentar los ingresos. Le dije que yo podía trabajar, que no habría problema en encontrar trabajo... Ella me lo prohibió, me dijo que debería estudiar y no preocuparme de nada más. Que ella se las apañaría.-Aprieta la mandíbula y apoya sus labios en mis nudillos.- Hablé con unos chicos de los que había oído que solían cometer robos, y en mi cabeza empezó a maquinarse una idea. Me daba miedo, pero necesitaba el dinero, así que hablé con ellos y cuando supe que estaban planeando robar una tienda, les pedí ir con ellos. Se rieron, pero aceptaron. Esa noche fui con ellos y nos llevamos todo lo que pudimos. A mí me tocaron dos mil euros. No es suficiente, pero es lo que mi madre gana en casi tres meses de trabajo continuo. Casi no me arrepentí al momento, pensaba que esto nos facilitaría la cosas. Luego... bueno. Cuando todo se arreglara con la operación y medicinas, trabajaría y devolvería  el dinero. Pero los otros me dijeron que con las grabaciones de las cámaras de seguridad, nos pillarían, y que o me encargaba de ocultarlas o no me darían nada, y me acusarían de cabecilla, o cualquier cosa que me sumase culpas. Hice lo que dijeron: fui a comisaría, y cuando estaba cogiendo los documentos, grabaciones y demás pruebas, Nathan me pilló. No sé por qué te mentí en ese momento. La verdad es que su reacción contra mí tampoco me pareció normal, como si de verdad estuviese encontrando pruebas en su contra de algo. Fue lo primero que se me ocurrió. Necesitaba ayuda, y no podía imaginar tu reacción al decirte lo ocurrido. En ese momento necesitaba un apoyo. Y te mentí.- Esas frases me hieren, pero no consigo reprocharle más que eso. Lo demás... incluso creo que en su lugar podría haber llegado a actuar igual. Pero no digo nada y dejo que continúe-Y cuando llamaste a Nathan para alejarlo de mí...-cierra los ojos con fuerza y a continuación me mira fijamente- Supe desde el principio que había pasado algo. Y me sentí culpable cuando fuiste a buscarme a la iglesia abandonada esta mañana. A partir de ahí... a partir de ahí sólo he intentado decirte esto. No podía aguantarlo más. Sabía que cuanto más lo atrasara más daño te haría. A ti y a mí. Pero estaba tan bien a tu lado... me dijiste que ibas a dejar a Nathan. Y entonces... sentí que me he metido en medio de algo en lo que nunca debí haber entrado. Tengo que irme, Emma. Sólo te pido que hagas como que no sabes nada. Es lo último que te pido. No puedo dejar que mi hermano lo sepa, ni mi madre. Limpiaré el dinero y conseguiremos pagar la operación. Y luego lo devolveré. Es lo único que puedo intentar ahora. Tengo que irme, princesa. No merezco estar a tu lado. Y tú te mereces a alguien mejor que yo. Te deseo que puedas... ser feliz.

    Se levanta y se va, tras besar mis manos con los ojos cerrados. Yo no me muevo. Oigo la puerta de fuera cerrarse, y no sé cuánto tiempo a partir de ahí paso en este estado de semi consciencia. Finalmente me voy a mi cuarto y cierro la puerta. Voy a acostarme cuando veo en la mesilla la caja de preservativos que compré. La meto en el cajón antes de ponerme a llorar. Miro la cama y me tiro en el colchón, llorando. Me duermo en algún momento indefinido, pero mi mente no me regala un sueño tranquilo, si no pesadillas en las que caigo y caigo continuamente, en un vacío en el que flotan la mirada de Nathan y la de Marcus, sin poder esquivarlas.
  

domingo, 21 de abril de 2013

Se busca. CAP 17

    Abro los ojos y lo primero que sé es que no hay luz. Lo segundo, que estoy en brazos de Marcus. Lo tercero, que me está acariciando el pelo.

-Te has despertado.-murmura. Me aprieto contra él y respiro su olor.

-¿Qué hora es?-pregunto.

-Las once menos veinte.-responde. Levanto la cabeza de su pecho para mirarle y besa mi frente.-Nunca había dormido tan bien.

-Ni yo, Marcus.

    Lo hacemos de nuevo. Al terminar, mi cuerpo se rinde.

-Marcus, yo... nunca había pensado... dios... eres... eres... dios... increíble. Ha sido... maravilloso.

-Emma, tú eres... dios mío... eres...- sonríe y me abraza-no te había imaginado tan juguetona... ni tan... experta. ¿Soy el primero?

-Claro que sí.-murmuro.- ¿Y yo soy la primera?

-Dios, sí.

    Me acaricia, y finalmente nos levantamos y nos vestimos. Bueno, yo con un pijama, y él se pone una camiseta de mi padre que le he dado, y un pantalón de pijama. Le quedan enormes, pero incluso le favorecen. Bajamos hasta la cocina y nos tomamos unos tazones de cacao con leche, y galletas. Qué paradoja. Volvemos a mi cuarto, nuestro fuerte, y me abraza fuerte sentándome en su regazo, por detrás. Nos quedamos en silencio. Apoya su mejilla en mi hombro, entre mi pelo. Yo giro la cabeza y apoyo mi frente en su pelo.

    Su respiración de pronto se entrecorta unos segundos y abro mis ojos. Me aprieta fuerte y unde su cara en mi pelo.

-P.A... ¿estás bien?-le pregunto, apretando sus manos. No me contesta.- Marcus...

-Lo siento-dice, y abro mucho los ojos, al notar la voz nasal que intenta disfrazar.

-¿Por qué? Marcus... ¿estás llorando?

    Me separo de él y me pongo de rodillas a su lado. Está intentando no llorar. Le abrazo pero me aparta.

-Marcus...

-Lo siento. Debía habértelo dicho. Ahora voy a perderte. No vas a perdonarme... y es lo que me merezco. Pero quiero que sepas que...-levanta la mirada y veo cómo le brillan los ojos. Me quedo petrificada-lo siento de corazón, Emma...

-¿Por qué?¿Qué pasa?

-Me voy de aquí. No puedo seguir a tu lado después de haber hecho esto...

-Marcus, me estás asustando, por favor, dime qué ha pasado. ¿Qué has hecho? no creo que sea tan grave, tranquilo...-Pongo una mano en su hombro y lo atraigo hacia mí. Por un instante me rodea fuerte con sus brazos, y me besa fuerte, sin movernos ninguno, como si el tiempo se detuviera. Luego se separa y se separa de mí.-Marcus...

-Te he mentido.-Se me para el corazón y una sospecha asoma a mi mente. Tiemblo. Por favor... que no sea... no puede ser eso...-Nathan es inocente. Yo sí participé en el robo de la tienda.

    Me están callendo lágrimas por la cara, pero la respiración no varía. No puedo apartar la vista de él. Siento que algo se ha roto en mi interior. No...

-No... Marcus... es una broma ¿no?-Me mira dubitativo y baja la mirada. Hay olas dentro de mí. Cada vez son más altas.-Marcus...

-Me tengo que ir. Voy a hacerte la vida imposible si me quedo aquí. Y ya no soy bienvenido.-Coje su ropa-me cambiaré en el trastero...-Avanza hacia la puerta y se desborda el mar entero.

-¡¿Cuánto de lo que me has dicho era verdad?!-Le grito, cuando va a salir. Se detiene.

-Es verdad que me llamo Marcus, que Henry es mi hermano gemelo, que tenemos diecisiete años.-Se gira hacia mí mirando mis pies-Que le dieron una paliza a mi hermano a principios de verano e intenté defenderlo. Que quiero ser psicólogo, que me gusta la silla de la esquina de tu cocina.-Tiemblo al oir eso y cierro los ojos. Oigo un paso hacia mí-que me gusta cómo te quedan los petos. Que eres preciosa e increíble. Que eres la primera.- Le miro y me tropiezo con sus ojos. Dejo de llorar.

-P.A...-susurro.

    Niega con la cabeza. Su mirada se ensombrece y acaricia mi mejilla. Nunca había visto a alguien tan triste.

-No es verdad que sea el Príncipe Azul, ni morado, ni verde, ni uno del montón. Pero sí es verdad que tú eres una Princesa. Que eres mi princesa, aunque yo sólo sea un pirata, ladrón, o plebeyo.

-Marcus...-susurro. Me besa la frente, con su mano en mi nuca, y me susurra al oído la última frase.

-Es verdad que te quiero.

sábado, 20 de abril de 2013

Se busca. CAP 16


    Marcus... Marcus... no sé cómo encontrar las pruebas que necesita. Nathan ha inventado una buena historia y ya ha repartido la orden de busca y captura por cada casa. Y están colocando carteles por las calles. Y no puedo hacer nada. Y sigo acariciándole mientras me besa. Y sigo actuando. Y sigo pensando que Marcus está tan cerca, en el piso de arriba, mientras busco la manera de conseguir que a Nathan se le escape algo o confíe en mí y me cuente  la verdad...

-Lo siento-murmura, besándome de nuevo apasionadamente, tras sonar su móbil- tengo que volver al trabajo.

-Claro-le disculpo, poniendo un puchero. Le acompaño a la salida y vuelve a besarme, tocándome el trasero. Una vez se va, cuento hasta diez en silencio y miro por la mirilla. Ya no está: cierro con llave.
  
    No puedo evitar sentirme mal. Me gustaria alejarme de él. Estoy fingiendo. Es difícil. Corro al piso de arriba y abro la puerta del trastero. Marcus se levanta y le abrazo. Me acaricia el pelo y al separarme de él, me besa.

-No sé cómo lograrlo. No deja de mentirme...-le digo- tengo que buscar la forma...

-Ssssh- me susurra, y me abraza-tranquila. Mañana por la mañana iré al bosque: voy a buscar pistas. No creo que haya escondido nada en casa. Tiene que haber enterrado o tirado todo al río...
  
    No sé cómo está tan tranquilo. Me gustaría tenerle aquí pero sin problemas.
  
    Nos metemos en mi cuarto y vemos la tele, nos hacemos cosquillas...

-Te quiero princesa.-me dice, besándome la clavícula.

-Te quiero, príncipe.
  
    Sé que esto se romperá en cualquier momento. Pero ahora mismo sus besos y sus caricias me van borrando la preocupación. Pienso en la ventaja de que mis padres no estén en casa. Sólo nos falta haber pensado en comprar protección... creo que tendré que encargarme de ello, aunque me da algo de vergüenza. De todas formas, hoy iré a la farmacia que abre todos los días. Sí. Se lo digo a Marcus y roza su nariz con la mía.

-Buena idea.-pone cara culpable y de quien va a decir algo sin estar seguro del efecto que provocará- Me es difícil evitar llevarte a la cama.
  
    Me sonrojo y aparto la vista. Me mordisque una oreja y le abrazo.

-Voy ahora.-le digo, levantándome. Tira de mí cuando estoy de pie y caigo sobre él.

-Te quiero. Eres preciosa, Emma.
  
    Una vez salgo me dirijo a la plaza en la que está la farmacia. Entro cuando veo que no hay nadie y espero a que llegue el dependiente. Estoy nerviosa.

-Buenas ¿qué desea?
 
    Respiro hondo y digo, mientras me quedo tensa.

-Una caja de preservativos, por favor.

-¿pequeños, medianos, grandes, muy grandes o estándar?

    Me quedo petrificada y creo ponerme colorada. Oh, dios. Tengo tanta vergüenza...

-esto... e... estándar.

-un minuto, por favor.

    Se va al almacén y oigo la campana de la puerta. No me giro, y justo vuelve el vendedor. Los pone sobre
el mostador mientras dice:

-Son diez setenta.

    Le doy el billete y noto una mano en el hombro. Me sobresalto y se me para el corazón, la respiración y todo yo.

-Traviesa-me susurra Nathan al oído-¿me preparas una sorpresa para cuando capture a ese capullo?

-Esto...-no, por favor. No puede ser que justo él haya venido ahora. Estoy nerviosa. Cojo las vueltas y Nathan entrega una receta.

-Es para July, su inhalador.-Explica. Salimos juntos de la farmacia y me rodea con un brazo mientras caminamos.-tranquila, haré como que no he visto nada, y podrás sorprenderme.-guiña un ojo- pero no tenías por qué haber pasado el mal rato, podría haber ido yo.

-Pero lo sabrías... da igual. Tú ahora, hazte el tonto-le digo, señalándole.

-Descuida. Pero estoy deseando 'ver' la sorpresa.-sonríe con la misma sonrisa que apenas hace una semana
me enamoraba-ahora tengo que irme.

-chao, Nat.

-hasta luego, Emmi.

    Voy hasta casa y al atravesar la puerta me aseguro de dar dos vueltas a la llave, y las dejo puestas. No sé
por qué. Es como si... quiero estar lo más lejos posible de Nathan.

    Me tomo mi tiempo para respirar y tranquilizarme. Y decido no contarle nada a Marcus. Y sonrío, apretando la bolsa contra mí, aún apoyada en la puerta. El corazón empieza a latirme muy rápido y me arden las mejillas. Estoy temblando. Marcus y yo vamos a... ¡Aiaiaiaiaiai! Cierro los ojos con fuerza sacudiendo la cabeza. Tranquila. Debo estar tranquila. Ya está, así. Respiro hondo y la agitación desaparece poco a poco.

    Subo las escaleras y miro el reloj: son las seis menos diez. Me muerdo el labio inferior y corro hasta el piso de arriba.

-Princesa, qué rápido has vuelto-Me dice, besándome. Me rodea con los brazos por detrás y giro la cabeza para volver a besarle.

-Mi príncipe-le digo. Me viene un flash de esos libros que hablan de la manía de las chicas de pensar en un príncipe azul que venga a rescatarlas. Las aparto al momento. Sólo es una muestra de cariño llamarle así.

-Estás temblando. ¿Pasa algo?-me abraza más fuerte.

-No, es que me puse muy nerviosa...-Digo, al enseñarle el paquete.

-Recuérdame cuando acabe todo esto que pague la mitad-me dice, y me besa acariciando mi cara.

    Las películas siempre te enseñan las escenas en las que se hace el amor a oscuras. Siempre que me lo imaginé, fue así. Y sin embargo, ¿qué puede haber más bonito que poder mirarse a los ojos el uno al otro?

    Me estremezco con cada caricia y beso. Con cada vez que sus labios rozan mi cuerpo. Con cada suspiro. Mi piel se derrite bajo la suya. Y él sigue tan temeroso de que yo sólo sea un sueño como siempre. Le muerdo ligeramente el cuello.

-Vampira-me susurra. Sonríe y me muerde un labio, mientras me acaricia los costados. Respiro su aroma. Ya estamos en mi cama, desnudos del todo. Mi pelo se desliza por su pecho, y me olvido de todo lo que hay fuera de este cuarto.

    Me asusto un poco al llegar al punto en el que nos habíamos quedado la última vez. Me acaricia el cabello.

-¿Estás bien? Si no estás segura...

-Sssh-le silencio, y sonrío. Noto tanta tensión en mi cuerpo burbujeando...

    Oh, dios mío. Me besa, y yo muerdo sus labios, en un intento de retener unos segundos esta tensión. Empiezo a temblar. Le rodeo con mis brazos y entonces todo se desborda. Me ruedan lágrimas por las mejillas mientras me abrazo a él con fuerza y sale de mi garganta un sonido que nunca pensé que podría emitir. Y él hace lo mismo segundos después.

-Increíble-suspiramos a la vez.

    ¿Por qué lloramos? Yo lloro porque tengo miedo de que esto sea un sueño... es como si hiciera siglos que le conozco. Pero... ¿por qué llora él?

    Me besa el cuello, con los ojos cerrados y tumbado sobre mí. Se gira para quedarse a mi lado y respiramos hondo. Ya no queda rastro de lágrimas en su cara, y juraría que en la mía tampoco

-Eres... Emma. Te quiero.-me besa de nuevo- eres increíble.

-Tú eres increíble. Nunca habría imaginado algo así...

-Yo tampoco, mi princesa.

     Nos abrazamos y me acaricia el pelo. Yo tengo mi cabeza sobre su pecho. La sábana beis no evita que el sol que entra por la ventana acaricie nuestra piel.

    Me duermo en sus brazos.

    

lunes, 15 de abril de 2013

Noches.

Esas noches que pasas consciente sin poder pegar ojo, con el cuerpo cansado y la mente más. Esas noches de desesperación en que ya no sabes qué hacer para descansar.
Esas noches no pueden compararse con aquellas en las que duermes y no descansas. Aquellas en las que tan sólo estás en tu pesadilla, en tu propio sueño destructivo, prisionero. Aquellas noches en que lo que temes se materializa ante ti. En que lo que quieres desaparece. Esas noches en que te despiertas en un mar de sudor frío; te despiertas gritando; te despiertas de golpe; te despiertas y sigues sintiendo la pesadilla; te despiertas llorando.
Esas noches que te arañan y te encierran en tus miedos, tus demonios. Esas noches en que tu corazón late a cien, por el temor de que algo se haga realidad.
Luego están las noches vacías. Las noches tranquilas. Las noches de las que no guardas ninguna sensación. Las noches en que descansas.
También hay noches de sueños alegres. Noches en las que sonríes mientras duermes, aunque no lo sepas. Noches en que tus ilusiones, tus ambiciones, te acompañan.
Y noches en las que sueñas que la más oculta de tus pasiones se despierta hambrienta de satisfacer ese deseo secreto y que al despertas te hace ruborizar y pensar, con alivio (y algo de pesar):
"Sólo era un sueño"
¿Qué has hecho en un sueño que desearías ser capaz de hacer realmente? ¿Qué has hecho que nunca habías imaginado hacer?
¿Cuántas veces has tenido la misma pesadilla?

domingo, 14 de abril de 2013

Se busca. CAP 15

-¿Tu hermano sabe algo de todo esto?-Le pregunto, mientras me da los platos para meter en el lavavajillas.
-Bueno... sabe lo nuesto... y sabía que estaba en comisaría cuando no fui a clases. Supongo que lo demás... se lo imaginará a medias.
-Debe de estar preocupado.-murmuro.
-Supongo que sí...
    Nos quedamos callados. Le miro abstraída y recuerdo una pregunta que quería hacerle.
-¿Recuerdas hace una semana, cuando viniste a saludarme y yo estaba lavando el coche?
-Claro.
-Salías de la comisaría. Y la sheriff te estaba regañando por algo. ¿Qué era?
    Se para y me mira unos instantes. Se sienta en la misma silla que la noche que me besó por primera vez.
-Me había metido en una pelea.-Dice al final.-Y según varias personas, yo era el responsable.
-¿Por qué? Cuéntamelo todo, P.A-me siento en la silla frente a él, como hace una semana.-Confianza-le recuerdo.
-La tarde anterior había salido a dar una vuelta para conocer mejor el pueblo. Mi hermano había salido un rato antes. Se ve que a los amigos de Nathan les pareció gracioso ofrecerse a enseñarle el pueblo y  meterse con él una vez lejos de la vista de la gente. Cuando caminaba junto al río les oí reírse y tuve curiosidad. Los muy cobardes... tres contra uno. Henry estaba tirado en el suelo y le daban patadas. Nathan se reía. Todos se reían.-Aprieta los puños-No me arrepiento de ningún golpe que les di. Al principio se sorprendieron.-dice con una sonrisa triste-Nunca nos habían visto juntos, así que al ver que quien le había dado un puñetazo en su careto de matón a uno era igual que el chico al que estaban pateando no reaccionaron inmediatamente. Aunque enseguida se les ocurrió que lo mejor era darme a mí también. Aunque el más cobarde fue Nathan: llamó a comisaría y una vez llegó la sheriff, se encargó de que mi hermano y yo quedásemos como los causantes de la pelea. Como no podía convencer de lo contrario, asumí la responsabilidad que habia caído sobre los dos. Mi hermano no estaba acatarrado. Tenía encima una paliza.
-Dios... es... increíble. Y pensar que yo estuve loca por Nathan...-digo.
-Luego finjió que no me conocía de nada.-reflexiona un momento y sonríe-al menos al salir de comisaría ese día, tuve la oportunidad de acercarme a ti. Te quedan muy bien los petos.-me guiña un ojo y me besa en la mejilla. Yo sigo pensativa, y le sonrío.
-Ahora entiendo por qué le pegaste tan fácilmente aquella noche. Ya estabas hasta las narices de él.
-Bingo-responde.-Me la tiene jurada. Y como se entere de que estamos juntos... bueno... Me gustaría evitarlo un tiempo. Tengo miedo de que te haga daño a ti.
-Tranquilo... es un capullo. Pero no creo que me vaya a hacer daño... en serio. Además, si quiero ayudarte, tendré que finjir un tiempo a su lado ¿no?
-¡¿Qué?!-Exclama-no hace falta, princesa. De veras. Además, puedo ir yo a...
-Marcus, escúchame-le digo, sujetando su cara. Rozo mi nariz con la suya- No podrás salir de esta sólo. Y yo soy la que puede ayudarte.
    Y justo en ese momento suena mi móvil. Nathan.
-¿Es él?-me pregunta al ver mi expresión.
    Asiento y contesto. Nathan me avisa que en quince minutos vendrá a "hacerme compañía". Y yo le digo que le espero aquí. Me envía un beso. Yo otro. Colgamos.
-Viene para aquí. Ven, te enseñaré dónde puedes esconderte cuando lo necesites.
    Le conduzco al cuarto de los trastos en el tercer piso. Hay un viejo sillón junto a la ventana, una cuna de cuando era un bebé, un carrito de la misma época, cajas de ropa y varias lámparas estropeadas. Y también un colchón apoyado contra la pared.
-Acogedor-evalúa Marcus.
-Lo sé, es incómodo...
-¿Qué dices? Esperaba que me llevases a un armario-sonríe y se sienta en el sillón.-me gusta.
    Voy a besarle cuando llaman a la puerta. Cierro la que me comunica con Marcus y bajo. Al abrir, Nathan me saluda sonriendo. Cuando cierro ls puerta, me rodea la cintura y me besa, sacando un ramo de flores. Una imagen digna de película, a decir verdad. Pero yo me siento dividida entre la atracción inevitable que siento hacia él cada vez que me toca y la realidad de que cada vez le temo más y lo veo como un cabrón.
-Siento todo lo de ayer, rubia. De verdad ¿me perdonas? Di que sí...
-Claro, cariño-respondo, siguiéndole el juego y poniendo en marcha la gran farsa. Sonrío como buena actriz.
-Tengo que contarte sobre este caso. Quién lo diría de ese marica ¿eeh? La verdad es que me pareció desde un principio...
-esto... Nat... Te noto cambiado...
-Oh, amor, tranquila. Es que me pone de los nervios pensar en lo engañados que nos tuvo a todos. ¿Te conté que intentó darnos una paliza? Solo que vi que la cosa se ...pondría mal y llamé a la sheriff. Menuda bronca le cayó...
-Nathan... -le digo- prefiero que me hables sobre lo que pasó... ¿no eres tú el único testigo?

sábado, 13 de abril de 2013

Una historia que nace y crece a día 28, aunque hoy la narre a 13.

Ésta es la historia de una persona más.
Ésta es la historia de una persona que puede ser un chico o una chica: tú decides.
Ésta es su historia(por ahora).
Todas las 7 y 3 minutos de la tarde de cada 28 de cada mes esta persona cruza un puente que hay sobre un pequeño río. En medio de un parque. En una ciudad. Cualquiera.
Lleva haciéndolo desde los diez años y un mes.
Pero volveré al principio.
Nació un 28 de febrero de un año bisiesto, un día antes de lo previsto. Quizás para evitar esa fecha escurridiza que sólo aparece cada 4 años. No se sabe.
Esta persona nació y creció como cualquier otra persona. Aprendió a caminar, hablar, correr, jugar a la pelota y fue a la escuela infantil. Luego primaria. Y sus primeros 10 años y un mes de vida fueron normales: amigos, colegas, peleas, juegos, castigos, descubrimientos,  deberes, etc...
Justo el 28 de marzo de hace seis años estaba paseando por un parque. Hacía buen tiempo, aunque estaba nublado. Eran las 6 y 59 minutos de la tarde. Entonces se dispuso a cruzar el puente que solía cruzar todos los días para volver a casa.
Al pisar las maderas torcidas, se detuvo a mirar el pequeño regato. Cogió una piedra que había en un borde, y la dejó caer, sin que provocara ninguna alteración en la superficie del agua en movimiento.
Justo a las 7 y 3 minutos, se giró hacie el otto lado y cruzó.
Y justo en ese instante, le saludó otra persona. De su edad. Esta persona le respondió y se presentaron. Mientras hablaban descubrían lo bien que se entendían, de la forma propia de relacionarse con diez años y un mes, y se empezó a forjar una amistad. Nuestra persona, entonces, le preguntó:
-¿Por qué te estás haciendo transparente?
Estaba anocheciendo. Su nueva amistad bajó la mirada y le dijo:
-Quedamos aquí dentro de un mes exactamente. No faltes. Por favor, me gusta tener compañía.
Y así fue. Y sigue siendo.
Cada 28 de cada mes a las 7 y 3 minutos, esta persona cruza el pequeño puente y se pasa 1 hora y 57 minutos hablando con esa otra persona que desaparece misteriosamente al descender el sol.
Ya llevan así 71 meses.
Este 28 de marzo hace 6 años del primer encuentro.
Y acaban de encontrarse. Esta persona sonríe al ver a la otra persona. Le cuenta las novedades. Le cuenta todo. Y hoy ha pasado algo raro que le ha impedidi dormir esta noche tranquilamente. Antes de despedirse, antes de empezar a oscurecer, en el césped del parque, esta persona quiso darle la mano a la otra como ya había intentado otras veces. Sabiendo que sólo encontraría aire y una cara preocupada por parte de su compañia, (que, por cierto, había crecido, no se había quedado en la aparienca de 10 años).
Pero esta vez fue diferente.
Se encontró con una mano de carne y hueso que sujetó la suya. Y una sonrisa radiante en el otro rostro.
Y unos latidos desbocados que nunca antes había sentido, ni con todos los los líos de sábados noche.
Y su fantasma desapareció puntual, dejándole, no por primera vez, con preguntas en la boca.
Y durante ese mes, siguió con su vida.
Esperando el 28 de abril.

domingo, 7 de abril de 2013

Cóctel de sentimientos (explosivo)

Ver y no poder tocar.
                       
                        (Ni olerte, ni escucharte, ni acariciarte, ni abrazarte, ni besarte...)
Verte y leerte y sentirte aquí.
                        (No giro la cabeza porque sé que no estás, y duele darse cuenta).
Quiero perderme en tus ojos mientras me acaricias el pelo; Quiero oirte susurrar mi nombre con tu frente apoyada en la mía, rozando nuestras narices; Quiero sentir tus manos acariciando mi cara, mi cuello, mis hombros, mi pecho, mi espalda, mi cintura...; Quiero hacer lo mismo; Quiero sentir tus labios sobre los míos brevemente, un sólo roce, y sonreir; Quiero, entonces, rodearte con mis brazos y besarte, besarte de verdad, aprenderme tu sabor, conocer cada rincón de tu boca.
Quiero que me abraces fuerte, y por unos minutos, finjas que me quieres y que es posible. Quiero que durante unos instantes, nuestras vidas se entrelacen. Y luego (no) quiero que deshagas la ilusión y vuelvas a tu expresión de alguien que está mirando al sol, que vuelvas a cerrar la ventana de tus ojos, que tantas veces deja escapar tu luz.
Te quiero a mi lado. ¿Ves mis lágrimas? No, claro que no. No estás aquí, y con cada 'que tal?' Yo respondo 'bien'. Se van acumulando, y desbordan. Y sólo desearía llorarlas en tu hombro.
Pero sé que no te gustan las cosas así. Y si lloro, sabrás que te quiero. No puedes saberlo.
No se cierra el grifo. Mi alma sigue empapada de tanto que guardo en ella. Y no se seca ni con el sol de la primavera, porque sin ti no llega el calor.
¿Y qué hombro tengo para llorar? Ninguno. Almohada, cogines, peluches... nadie que pueda acompañar mi llanto con su silencio, escuchándome, y respondiéndome tan sólo con su respiración, para saber que no estoy sola. Nadie. Nadie.
¿Fiestas?
No. ¿Para qué? ¿Para ser la pringada a la que ni le gusta bailar, ni beber, ni caminar sin rumbo, ni la música de los locales, ni el ambiente de sábado noche, que además no quiere ligar? ¿Para sentirme más sola aún entre tanta gente? ¿Para recordarme que no encajo con nada de lo que me rodea?
Quiero alejarme de todo esto. Quiero respirar aire nuevo, diferente. Quiero escapar y correr sin parar hasta quedarme sin aliento, y un poco más. Quiero ir a algún sitio en el que poder gritar, llorar, dormir y vaciarme de este sentimiento sin que nadie lo sepa, sin nadie cerca, sin tiempo que corra y me conecte a mis miedos.
Quiero correr hasta el sol del verano y salir de aquí de una vez. Y quiero verte. A mi lado. Sólo eso: ni que me des la mano ni que mucho menos me beses o me abraces.
Quiero que hagas lo de tantas veces: que te sientes a mi lado, en silencio, y nos quedemos así un buen rato. Escuchándonos respirar. Sabiendo que ninguno está sólo. Sin mirarnos, sin rozarnos: sólo sentados juntos en silencio, escuchando, deteniendo el tiempo.
Y quizás, empezar una guerra de cogines, o de cosquillas, una vez mi corazón se acompase al ritmo del tuyo.
                        Y escribiendo todo esto (queriendo y sin querer) me autodestruyo.

sábado, 6 de abril de 2013

Adiós Dulcinea - Cover



Hola a todos*!!
Bueno, aquí os traigo mi primer vídeo en YouTube!!! La canción es 'Adiós Dulcinea I' de Mago de Oz, un grupo que recomiendo a todo aquel que le guste la buena música :D

La verdad es que aún tengo que mejorarla bastante, pero me hacía ilusión (no pregunteis por qué, porque no lo sé xD) que fuera la primera canción subida.

Así que por fin Salgo a escena!! ^^

Intentaré ir subiendo más vídeos, y ya sabéis, si os gusta, manita arriba ↑ n.n Y suscribiros a mi canal ;P

Disfrutad!! ^^


*(Decididamente, paso de poner '@' o 'os/as', 
me parece una redundancia). 

lunes, 1 de abril de 2013

Mi alma

Mi alma.
Azul, blanca y gris.
Mi alma.
Igual que yo, pero más ligera. Tan ligera que puede volar e ir a donde yo quiero pero no puedo.
Mi alma, a la que no puedo guardar y envolver para protegerla de golpes porque es claustrofóbica y aracnofóbica. (Al lado de cosas envueltas siempre hay arañas)
Mi alma. Que desde hace tres días está tendida al sol, lejos, respirando aire puro, secándose. Recuperándose.
Desde hace tres días tiene un rasgón. Un rasgón negro a la altura del cuello. En el lado derecho. Un rasgón hecho con uñas.
A mi alma no le duele. Quiere conservarlo. Pero tengo que coserlo. Porque ese rasgón lo hizo él al rozar con sus dedos mi cuello. No lo sentí entonces. Tengo su marca ahí. No se ve a simple vista. No está en la piel.
Si no que está en mi alma.
Un rasgón hecho por sus dedos.
Un rasgón sin forma.
Un rasgón negro como mis pupilas.
Ahora mismo mi alma está lejos y me siento vacía. Sé que cuando vuelva a mi lado sentiré el rasgón con más intensidad.
Y entonces... ¿qué pasará?
Estoy aguantando bien.
Aunque acaba de empezar.
El rasgón no va a hacerse más grande, porque lo coseré. Y no lo sentiré más.
No recordaré más el roce de tus dedos en mi cuello.
Ni tampoco en mis manos. Aunque claro.
Ahí no hay rasgón.
Tan solo pequeños rallazos negros que no notaré apenas...
¿no?