martes, 12 de marzo de 2013

Una 'pequeña' crónica de pensamientos semiordenados.

No sé qué escribir. La verdad es que estoy en uno de esos momentos en que, no diré cientos, pero sí muchos sentimientos se me remueven aquí dentro, en el cuerpo. Algunos contradictorios. Es uno de esos momentos en los qué más necesito desahogarme y escribir, cantar, tocar la guitarra... Pero siempre sucede igual: Las palabras se van de vacaciones y sólo me sirven para hacer los exámenes. La creatividad se ve en una sala de espera. Y la verdad, tal y como tengo la garganta, lo de cantar no me parece buena idea.
En fin. Lo dicho. Que me quedo en crisis creativa. Porque a mi cerebro le da por bloquearse. "SÓLO DISPONIBLE PARA LOS ESTUDIOS" Debe poner en algún sitio. Claro. Para lo demás el corazón. Pero con los nervios que tengo me va a ser difícil. Es decir, me encanta (y de hecho es lo que hago casi siempre) dejarme guiar por mis corazonadas y eso. Pero me gusta llevar mi cerebro conmigo. Por si acaso. Luego ya se sabe: a arrepentirse toca.
Ese es mi problema ahora mismo. Intuyo que no voy a estar con la razón a tope hasta un tiempo despues de terminar los exámenes ( lo que se reduce a tres días nada más), y eso es un problema. Sí. Luego viajecito a Roma y mucha responsabilidad. Ya lo tengo interiorizado. No me preocupa. Me fastidia más que mis padres me paguen una excursión así. Sé que les supone un esfuerzo considerable. Pero así estoy. Lo que me preocupa es saber llevar las cosas bien. Me veo preparada. Pero no sé exáctamente para qué.
Avisto algo al gira la esquina. Pero no lo reconozco. Intuyo lo que es. Da igual. Ya llegaré. Ahora he de centrarme. Para eso estoy aquí ¿no?
Luego está la estación de descanso. Claro que podré descansar al volver de Italia. Faltaría más. Ventajas de tener una festividad cristiana aquí en medio del primer semestre del año. Pero... ¿cómo? Creo que hay dos o tres personas que lo saben mejor que yo. Yo ya ni sé qué voy a hacer. Aunque eso es mentira, sí lo sé: voy a dejarme llevar. Me da igual, sé que no tendré razón alguna de arrepentimiento. Sin embargo preferiría estar lista. Por eso quería saber qué me espera. Para prepararme.
Pero bueno. Así es la vida. Hay que aprender a colocar espejos en las esquinas de la calle a lo largo de ella. Nos ahorraríamos muchos dolores de cabeza. Pero tampoco en todas. Si no ¿dónde está la emoción?

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