miércoles, 13 de marzo de 2013

Se busca. CAP 13


   Al despertarme todo da vueltas. Miro el reloj. Son las diez de la mañana. Suspiro. Recuerdo lo que ha pasado y cierro los ojos. Un zumbido me invade la cabeza. La imagen de Nathan no deja de bailar en mi mente, junto a lo que le oí gritarle a Marcus. No puedo creerlo.

    Me levanto y me apoyo en la pared. Estoy mareada. Voy a por el termómetro. Cómo no. Tengo fiebre. Me tomo una pastilla, hago la cama y me visto. Desayuno. Cojo el móvil y llamo a Marcus. Tras dos toques, responde.

-¿Emma?-parece cansado. Me muerdo el labio y sonrío nada más escuchar su voz. Cierro los ojos.


-Sí, Marcus ¿estás bien? ¿Dónde estás?-le pregunto.

-Por ahora si. Estoy escondido en una especie de capilla...-Murmura, e inmediatamente pregunta- ¿Tú estás bien? ¿Qué ha pasado? No te ha hecho nada ¿no?

    Permanezco en silencio mientras pienso qué decirle. Al final no se lo cuento.

-No. Estoy bien. No me ha hecho nada.-Cierro los ojos de nuevo-estuvimos viendo una película.

    Sé que no se lo cree.

-¿Quieres que vaya a buscarte? Puedes venir a casa, si quieres.

-No. No quiero meterte en problemas.

-Pues voy a buscarte-sentencio. Él protesta pero cuelgo. Por lo menos la fiebre se me ha pasado.

    Me abrigo, aunque hace calor, sigo teniendo escalofríos por la fiebre. Cierro la puerta con llave. Una vez me adentro en el bosque tuerzo hacia la iglesia abandonada. Nadie me ha visto. Entro en ella, por el hueco de la ventana rota. Es siniestro, la verdad. En el altar hay una cruz y una estatua de la virgen parece seguirme con la mirada.

-¿Marcus?-susurro. No obtengo respuesta.-¿Marcus?-digo más alto.

    Mi voz hace eco. Oigo pasos y me doy la vuelta. Pero no sé de donde vienen, también hacen eco y se oyen por todo el espacio. Me asusto.

-¿Emma?

    Me sobresalto y veo a Marcus detrás de mí. Le abrazo. Él me rodea y me acaricia el pelo, y yo le apreto más fuerte contra mí.

-Marcus...

    Él se separa, y sujetándome la cara entre las dos manos me mira fijamente. Parece querer cerciorarse de que soy yo. Entonces me mira el cuello y aparta rápidamente la mirada.

-¿Qué pasa?-le pregunto.

-Nada-dice, sonriendo. Es una sonrisa falsa, lo sé.-No tenías que haber venido. Vas a meterte en un lío...

-Marcus, dime qué pasa.- le corto.

-No es nada...-le miro seria. Él mira mi cuello, y me llevo la mano, pero no tengo nada. Un momento... esta noche... Nathan.

-Oh, Marcus...-le digo, abarazándolo y apoyando mi cabeza en su hombro.-Voy a dejarlo.

-¿¡Qué!?-exclama, separándose de mí y mirándome. Mi mente ha exclamado lo mismo en cuanto lo he dicho. -¿Por qué?

-Porque quiero estar contigo.-sigo hablando sin pensar. Y sin embargo... es lo que quiero decir.

-Emma, ¿qué te ha hecho? Sé que te gusta... no me entiendas mal, por mí... es lo mejor que puede pasarme ahora mismo. Pero... ¿a qué viene a estas alturas?

-Porque ya no aguanto más con esta farsa-le digo. Pero estoy pensando en lo que ha pasado esta noche, y él intuye que algo no va bien.

-Emma... mírame a los ojos y dime que cuando fue a tu casa no te hizo nada.-Le miro. Intento pensar que no pasó nada. Pero vuelvo a sentir el miedo. Y al perderme en el verde de sus ojos... Aparto la mirada susurrando un no nada convincente. A él no puedo mentirle. No puedo. Me escuecen los ojos, pero no voy a llorar.-Lo sabía. ¡¿Qué te ha hecho?!

    Ahora parece asustado. Tiene miedo por mí, también sé eso. Me abraza fuerte. Muy fuerte.

-Puedes contármelo. No puedo dejar que te haga daño, ya te lo dije. Sé que puedes cuidarte sola, pero si te hacen daño, no voy a quedarme de brazos cruzados.

-Ya... pero... no pasa nada. No volverá a ponerme una mano encima...

    Nos vamos a mi casa. Cierro con llave. Le preparo el desayuno. Hablamos de lo que ha pasado. Al final termino por contarle una pequeña parte de lo que ha pasado. Sufiente. Le duele más que a mí.

    Me abraza y me susurra que me quiere. Le beso. Nos besamos despacio, sin prisas. Vamos hasta el sofá y nos sentamos, mientras él me acaricia despacio el cuello, bajando hasta los hombros, la espalda, la cintura... Besando cada punto que roza con sus dedos. Y yo le acaricio la espalda al mismo ritmo. Nos tumbamos, le quito la sudadera, él me quita el jersey. Las camisetas. Me pone encima de él, y le beso el pecho. Él me acaricia el pelo, besando los mechones que se deslizan entre sus dedos. Apoyo la cabeza en el hueco de su hombro. Sigue acariciando mi espalda. Baja hasta la cadera, y yo me quito el sostén. Pongo mis manos en su cara y le miro a los ojos. Nos besamos de nuevo. Acaricia mis manos. Y le susurro que le quiero. Nos desnudamos del todo y él no deja un sólo momento de acariciarme. Como ya he dicho alguna vez, parece pensar que voy a evaporarme. Sonrío al pensarlo, y respiro con agitación. Es una sensación indescriptible. Nos cambiamos de sitio: él encima. Posa su boca en mi cuello, haciéndome suspirar. Mi cuerpo parece ir acumulando tensión. Él me acaricia las piernas, despacio. Y yo acaricio su espalda.

-Te quiero, Princesa-me susurra al oído, y me muerde la oreja suavemente.

-Te quiero, Príncipe-le respondo, posando mi boca en su hombro.

    Me atrae hacia él y yo hago lo mismo. Y me estremezco. Me besa el vientre, el pecho, y parece encendérsenos una luz a los dos.

-¿Tienes...?-Decimos a la vez. Nos miramos sin saber bien qué decir. Vaya... 

-No pasa nada-decimos de nuevo a la vez. Nos quedamos tubados, abrazados. Cierro los ojos y le doy una punto mentalmente a mi madre. Cuánta razón...

-Eres increíble, princesa- me susurra sonriéndo.

-Tú más.-le respondo.

    Al final nos separamos y nos vestimos. Me acaricia el pelo, y vamos al salón. Me pregunta si tengo ordenador. Le llevo hasta mi cuarto, donde está, y busca en internet una canción.

-¿Bailas?-Me dice cuando empieza a sonar.

    Sonrío y le doy las manos. Guau, al parecer hasta sabe bailar. Me hace girar sobre mí misma y me sujeta de espaldas a él. Me besa de nuevo y al final empieza a hacerme cosquillas. Me río e intento hacérselas a él también, y nos reímos juntos. Me empuja y me tira en la cama. Se tumba sobre mí.

-Ven aquí Príncipe Azul-le digo, agarrando su cara y besándole como nunca le había besado a él.

    Nos separamos para respirar y me sonríe.

    Suena el timbre. Ya son las dos y media de la tarde.

    Tengo un mal presentimiento.

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