jueves, 6 de diciembre de 2012

Se busca. CAP 12


    Nathan llama a la puerta, que aun no he abierto. Miro las llaves las cojo.

-Marcus...-susurro, él está intranquilo-tengo que colgar. Ya... mañana hablamos.

-Princesa... está ahí ¿verdad?- es la primera vez que noto en su voz algo parecido a los celos.

-Sí, P.A, no tenía otro modo de alejarlo de ti-respondo con dulzura.

-No te fíes de él, princesa. Ten cuidado

-Tú más.-respondo. Cuelgo y abro la puerta. Nathan entra sonriente y cierra la puerta. Intento ver algo de lo que oí por teléfono. A decir verdad, sí parece algo sudoroso. O puede que sean imaginaciones mías...

-Aquí me tienes, Emmi.-me susurra, abrazándome. Le sonrío y él me muerde una oreja. Me estremezco. Me acaricia la cintura mientras me besa el cuello, detrás de mi.-¿Estás bien?

-Ahora sí-respondo, con una imitación perfecta de una sonrisa cómplice.

-¿Por qué me llamaste?-pregunta, metiendo sus manos bajo mi camiseta, acariciando mi estómago

    Y ahora me estremezco. Porque no había pensado en una excusa clara. Me aprieta contra sí y entre el nerviosismo, su proximidad y sus caricias, jadeo. Una idea me cruza la mente, aunque creo que es la misma que tiene él desde que le llamé. Me giro para estar cara a cara y le beso.

-Estamos solos.-digo, sonriente.

    Él entonces me besa bruscamente, captando el mensaje que deseaba recibir. Sus movimientos se vuelven más bruscos, anhelates. Se separa un poco de mí y me mira, sudando.

-Emmi, cariño, ¿subimos?- y me aprieta contra sí desde la cintura. Asiento, hechizada. No sé qué estoy haciendo. Tendría que parar, pero parece que la sangre me bombea demasiado rápido. Estoy asustada, pero quiero seguir. Ahora mismo no recuerdo  por qué le llamé.

   Subimos y él parece conocer el camino. ¿O soy yo quién le guía? Subimos al tercer piso y me besa con hambre. Me acaricia la espalda y me lleva contra la pared. Jadeamos, y me besa el cuello. Entonces me levanta las piernas, y rodeo su cintura con ellas, quedando en sus brazos. Me aprieta contra la pared y sus movimientos de repente se vuelven bruscos e impacientes. Me quita la camiseta y él se quita la suya. Noto el calo de su piel contra la mía. Estoy desorientada. Me sigue manteniendo en el aire, aunque ya no siento la pared. Entonces se tumba sobre mí en una cama. Su peso me hace gemir y él me besa el cuello, el estómago, el pecho...

    Dios mío. Tiemblo. Algo en mi cabeza me dice que no todo va tan bien como demuestra mi cuerpo, respondiendo a las caricias y besos de Nathan con más caricias y besos, y gemidos  ansiosos. Él parece un animal contenido, pues sus movimientos son bruscos y enérgicos, pero intuyo que pueden serlo mucho más. Y yo... estoy empezando a reaccionar y cada vez soy más consciente de la situación. Me cruza la mente un recuerdo de mamá ayer, intentando comenzar una charla de prevención que me pareció algo ridícula, y que ahora me hace sentir estúpida, pues no he pensado en ello.

    Acto, seguido, otro recuerdo cruza mi mente, dejándome totalmente paralizada: Nathan estuvo persiguiendo a Marcus, amenazándole.

    Nathan intenta desabrocharme el sujetador, mientras me aprieta contra él, y cuando noto que el cierre cede, salgo de mi trance. Mis manos vuelan a este, intentando que no me lo quite, pero llego tarde. Nathan mordisquea mi piel, causándome una traicionera sensación de placer.

-Nathan-susurro. Él lo interpreta mal, y baja sus manos a mis caderas, metiendo los pulgares por dentro de los pantalones. Empieza a bajármelos y yo me remuevo por debajo, intentando pararle.

    Maldita sea... oh, dios... si no fuera por esta sensación que recorre mi cuerpo, ya habría hecho parar esto. Dios... me besa. Ferozmente. Hambriento. Entonces se separa de mí y empieza a desabrocharse los pantalones.

-Nathan, no...-empiezo, y él no me hace caso. Lleva unos calzoncillos monísimos, pero me invade el miedo. Se pone de rodillas en la cama, sobre mí, y apoya sus caderas sobre las mías. Él jadea, cada vez de forma más... deseosa. Y yo, sin poder evitarlo, gimo bajo su peso. La imagen de Marcus vuelve. Más fuerte que antes, junto a la última frase que me dijo, y el toque de celos que noté.

    Me encojo e intento apartarme. Y es entonces cuando Nathan me agarra las muñecas y me quedo con la brazos estirados. Me besa. Apenas puedo moverme bajo su cuerpo, semidesnudo. Giro mi cabeza, y me mordisquea el cuello. Junta mis muñecas sobre mi cabeza para poder agarrarlas con una sola mano y con la otra me acaricia los pechos, la barriga... y empieza a bajarme los pantalones.

-¡PARA!- grito entonces, pataleando. No me hace caso. Tengo miedo. Mucho miedo. Ya no consigo moverme. Le suplico que me deje, y noto que me resbalan lágrimas por la cara.

    Para y me acaricia la cara, separándose de mi.

-Emmi, cariño... lo siento... pesé que querrías hacerlo... ¿Te entedí mal cuando me lo dijiste?... Emmi...dime  algo.

     Yo me tapo los pechos con las manos y giro mi cabeza, lloriqueando.

-Tengo miedo.

    Él se levanta. Yo me quedo ahí, en mi cama, de espaldas a él. Me acaricia el pelo, una vez acaba de vestirse, e intenta tranquilizarme. Pero le digo que se vaya.

    Lo hace.

    Se va.

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