sábado, 6 de octubre de 2012

Se busca. CAP 8



    Me miro al espejo, sonriente. Desde la tarde de ayer con Marcus estoy contentísima.

    Después de salir del río, cuando ya eran las siete y media de la tarde, y como estábamos empapados hasta la cabeza, fuimos juntos a casa. La verdad es que me habría gustado que viniera conmigo, pero dijo que tenía que hacer algo en casa. No le pregunté. Me dio un beso suave y se fue sonriendo y goteando, como me quedé yo.


    Hace calor afuera, así que me he puesto una falda azul y una camiseta de sisas blanca. El pelo lo llevo recogido en una trenza de lado. Sonrío frente al espejo, de nuevo, y miro el reloj del recibidor. Falta un cuarto de hora para que empiecen las clases. Me pongo la mochila a hombros y salgo de casa. Cierro la puerta y veo a Marcus esperando a la salida de casa. Sonreímos al vernos, y al estar a la misma altura, nos damos un beso en la mejilla.

    No se ve a nadie, pero preferimos prevenirnos. Caminamos uno junto al otro, picándonos y bromeando. Como dos buenos amigos, pienso.

    Al ver a July a lo lejos me pongo nerviosa. No puedo contarle nada. Es la hermana de Nathan. Ella nos saluda y se acerca.

-¿Qué tal?

-Muy bien-respondemos Marcus y yo a la vez. Nos reímos los tres y pregunto-¿tú?

-Genial, tengo que enseñarte lo que compré...-nos mira, y me doy cuenta de que estoy mirando a Nathan acercarse por detrás de ella. Marcus se aparta de mí instintivamente y Nathan me da un beso para saludarme.

-¿Cómo estás, Emma?

-Muy bien, Nat. ¿Tú?

-Ahora que estoy hablando contigo, perfectamente.

    Sonrío, y veo a July con cara de 'Puke Rainbows' y le digo que tengo que ir a clase. Me agarra por el brazo y me sonríe.

-¿Qué pasa?-Pregunto, preocupada.

    Me da un beso sujentándome la cara. Delante de todos. Me suelta y se despide guiñándome un ojo. Creo que estoy colorada. No sé si enfadarme o no. July me da un codazo y vamos a clase. Marcus no ha dicho nada. Cuando le miro, me sonríe. Trago saliva.

    Por la tarde, a la salida, me despido de July y Nat me invita a dar una vuelta esta tarde. Acepto, y nos vamos. Marcus está esperándome en un esquina fuera de la vista de los demás.

-¿Qué tal?-Me pregunta. Entiendo a qué se refiere.

-Bien, supongo. No me ha gustado que me besara en público.

    Se ríe y se acerca, pasándome el brazo sobre los hombros, mientras caminamos, y atrayéndomehacia sí. Me besa en la mejilla, y me paro.

-Dios... -susurro. Cierro los ojos y me río. Me siento tan bien a su lado...

-¿De qué te ríes?- Pregunta.

-De que esto es una locura, Marcus...

    Se caya, y le abrazo.

-Y me encanta.

    Me acompaña a casa y quedamos para una hora después de mi cita con Nathan. Sigo reconociendo que es una locura. Pero me da igual.

    A las cinco me viene a buscar Nat. Salimos a dar una vuelta. Me habla con cariño. Cuando llegamos al límite del pueblo, nos detenemos.

    Ya dije antes que este pueblo está en medio de la nada. Esa nada es un tanto desértica, excepto la que está junto al río, que es fresca y fértil. Hay varias edificaciones a las afueras, en dirección contraria a la ciudad: Una fábrica abandonada, una iglesia rodeada de arboleda, en ruinas, y unas viejas minas cerradas, de las que se extraía carbón y wolframio, hasta que, hace unos cincuenta años, cerró porque se agotaron los minerales. Mi abuelo trabajó en la mina, y mi abuela en la fábrica, que era de embasado de conservas. Por eso el pueblo no es pequeño y hay bastantes habitantes, unos cinco mil.

-¿Quieres que vayamos a la iglesia? Es una zona tranquila.- Me pregunta Nat, pasándome el brazo alrededor de los hombros.

-De acuerdo-respondo, sonriendo. Vamos hasta allí. Está a unos seiscientos metros de la última casa, la edificación más cercana de las que mencioné antes. Al llegar, me estremezco. Hay una pintada en el muro de la capilla que de pequeña me daba mucho miedo. Aunque ahora que la miro bien, lo único que me asustaba era el recuerdo.

-¿Estás bien? No hablas mucho...-Me pongo tensa, pero en seguida me relajo. Le miro sonriendo y sus ojos casi negros me atrapan.

-Estoy perfectamente a tu lado.-Me siento mal. Pero tampoco es que esté mintiendo. Al contrario.

-Me alegro. Pero ya sabes que si pasa algo, me lo puedes decir ¿verdad? Tenemos que tener confianza- nos sentamos en un muro y me besa en el cuello. Me pongo nerviosa.

    Dios... es como electricidad. No reacciono. Él sigue besándome el cuello, y sube hasta mi mandíbula, mientras me acaricia la mejilla. Nos besamos. Dios, no doy pensado en nada. Me rodea con sus brazos, y me siento protegida.

    Separamos los labios para respirar, y él tan solo me levanta en el aire y os quedamos de pie, junto al muro. Vuelve a besarme, y esta vez aumenta el ritmo. Y cuando me abraza de nuevo, ya no me siento protegida. Me siento encerrada. Me gustaría apartarme y decirle que no vaya tan rápido. Pero él ya se ha lanzado. Ns quedamos de rodillas, y finalmente, en el suelo. No consigo hacer otra cosa que dejarme llevar.

    Hasta que me intenta quitar la camiseta.

-¿¡Qué haces!?-Le chillo, sparándome lo más que puedo de él.

    Él parece sorprendido. Está sudando. Me suelta y yo me alejo de él un poco. No demasiado.

-Perdona, Emmi. Pensaba que... da igual. Lo siento... Tenía que haberte preguntado si querías...

-No quiero.-sentencio. Madre mía, quiero irme. Nunca pensé que una situación así me fuera a pasar.

-De acuerdo. Lo siento... No estás enfadada ¿no?

    Me mira con cara de cordero degollado. Y suena sincero. Le sonrío tímidamente y se acerca a mí de nuevo. Me acaricia el pelo.

-Sabes que nunca haría nada que te pudiera herir de alguna manera ¿no?

    Asiento y por dentro oigo la voz de la conciencia. Maldita sea, ¿no soy un monstruo? Me da un beso en la mejilla.

-¿Nos vamos? quiero irme a casa.

    Me observa en silencio un rato. Asiente y nos vamos, en silencio. Yo no hablo para no delatar el nerviosismo y la culpabilidad que siento. Él... no lo sé. Me deja a la puerta de mi casa y nos despedimos.

-Me iré a dar una vuelta a la ciudad, entonces.-me acaricia  la mejilla-lo siento, de veras. Mañana nos vemos ¿vale?

-Mañana nos vemos-le respondo. Se va y me meto en casa. Vigilo desde la mirilla hasta que hace rato que lo pierdo de vista.

    He llegado una hora antes de lo previsto a casa. Y quiero ver a Marcus. Necesito estar a su lado. Tengo ganas de llorar. ¿Cuanto tiempo podré aguantar con esto? Me miro al espejo. Estoy despeinada y colorada. Intento tranquilizarme. Me peino y salgo de casa. Cerrando con llave.  Mi madre vuelve mañana por la noche.

    Voy hasta casa de Marcus. Bacilo antes de timbrar. Finalmente, presiono el botón del timbre y espero. Oigo pasos tras unos segundos. La llave girarse...

-¿Hola?-Ahí está. Me mira extrañado. Como si no supiera qué hago allí. Pero la angustia que tengo dentro explota, y me pongo a llorar, lanzándome a su cuello. Le abrazo, llorando.

-P.A...-susurro. Le abrazo, y él me abraza, bacilante.-P.A...

    No aguanto más. Quiero estar con él... le quiero. Me separo un poco y le beso. Él se queda paralizado, como si no se lo esperara. Las lágrimas me resvalan por la cara. Necesitaba soltarlo. Y Marcus me entiende. Y es el único que lo sabe... Y... es con él con quien quiero compartir esto.

    Separo mis labios al notar que no reacciona. Me mira estupefacto, y veo en su expresión un asomo de culpabilidad. Sus ojos azules se clavan en los míos, interrogantes. Ya no lloro. No entiendo qué pasa. No dice nada. Tiene la boca entrecerrada, en un gesto de sorpresa. Tengo sus manos entre las mías, pero es como si él no supiera qué hago. Como si no me conociera.

-P.A... ¿Qué...-y me asalta un pensamiento. Miro sus ojos, que me observan. La misma mirada tierna de trasfondo que Marcus. La misma forma de mirar. Pero algo falla. No puede ser él. No lo consigo identificar.

    Un momento...

    ¿Ojos azules?       

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