jueves, 11 de octubre de 2012

Se busca. CAP 9


    El mismo pelo. La misma altura. Los mismos labios, la misma nariz. Las mismas manos... La misma forma de mirar... Pero los ojos azules.

-¿Quién eres?-pregunto, antes de pensar.

-Henry.


    La misma voz, y distinto nombre. No sé qué decir. Él poco a poco se ha recuperado y parece entender qué pasa. Yo no. Me mira sonriendo. Dios, es como Marcus. Es igual.

-Creo que buscabas a Marcus ¿no?-asiento. Suelta una ligera risa y se gira un poco, llevándose la mano a la nuca, encogiéndose de hombros y guiñando un ojo en gesto de disculpa.-Lo siento, acaba de salir hace un rato.

-¡Ah! Gracias...-Me giro para salir, pero me doy la vuelta para hablarle, y choco con él, que me seguía-¡Oh!

-¡Lo siento!-decimos a la vez. Me sonrie de nuevo.

-Culpa mía, lo siento, de nuevo.

-No pasa nada.

-Marcus no me había dicho que tenía un hermano...-Henry suelta una carcajada y me guiña un ojo.

-Marcus prefiere que a la gente le de un shok cuando nos ven juntos.-Me mira-aunque creo que en este caso habría hecho bien contándotelo.

    Me sonrojo. Dios, es verdad que podía haber sido menos impulsiva.

-Tranquila, no le diré nada a mi hermano.-vuelve a guiñarme un ojo y me extiende la mano-Así y pues... ¿cómo te llamas?

-Emma-digo, dándole la mano.

-Pues encantado Emma. Soy Henry. Recuérdalo ¿eh?-asiento sonriendo. Me voy y camino hasta casa. No sé qué pensar de lo que ha pasado. Cierro la puerta y voy hasta el salón, en el segundo piso.

    Tras unos minutos, llaman a la puerta. No reacciono hasta el tercer timbrazo, en el que me despierto de mi estado de letargo. Voy a abrir la puerta y ahí está...

-¡Marcus!-Le animo a entrar y cierro la puerta.

-Princesa... He hablado con mi hermano. Dice que fuiste a buscarme y que estabas mal. ¿Qué pasa?

-No... nada. La verdad es que ya no me preocupa... es que estaba... perdida.

    Me da un abrazo y sujetándome la cara entre las manos, roza su nariz con la mía.

-Ya conoces a Henry. ¿Crees que nos parecemos mucho?-pregunta sonriendo.

-Tus ojos son inconfundibles.-le digo, bajando la cabeza. Me besa en la frente y nos separamos.

-No fue a clases porque estaba enfermo. Mañana ya verás la cara de todos cuando nos vean juntos...

    Nos reímos. Le miro a los ojos y siento un peso en el pecho. Culpabilidad. No sé por qué. Nos sentamos en el sofá y me acaricia tranquilamente, mirándome a los ojos. Apoyo mi frente contra las suyas, sin dejar de mirarle.

-Sabes que te quiero, princesa.

-Y yo a ti, príncipe.

    Y esa culpabilidad desaparece. Porque no le he mentido. Porque a su lado estoy feliz. Dios... Sería tan fácil estar sólo con él...

    Y pienso en Nat y se me forma un nudo en el estómago. Me gusta. Mucho. Pero... no sé...

-Dios...

-¿Qué pasa, Emma?-me pregunta, sin moverse.

-No es nada.

    Ahora sí. Se separa de mí y me mira a los ojos fijamente. Está serio, con la frente arrugada de preocupación. Aparto la vista.

-¿Cómo te ha ido con Nathan?-me pregunta, tras un rato de duda.

    No puede ser que me haya preguntado eso. No. ¿Es que lo sabe? No puede ser eso... Dios... ¿qué le digo?

-Normal.

-¿Normal?-repite, aún más preocupado.-¿Qué ha pasado, Emma?

    Dios. No puedo explicarle lo que pasó. No a él. Por mucho que no le importe que esté con Nathan, no creo que decirle lo que hicimos sea lo acertado. Y tampoco puedo decírselo a July. Pero si es una tontería... Me pidió disculpas. Varias veces. Muevo la cabeza y le miro, con una media sonrisa.

-No es nada. Es que no me esperaba esa pregunta. Es decir... no quiero hablar contigo de él, o de lo que hacemos... Me refiero a que no sé si tú...

-Ok, lo entiendo. Es incómodo, lo reconozco. ¿Seguro que estás bien?

-Genial-le aseguro, radiante.

-Me alegro.

    Estamos hablando y besándonos a ratos dos horas. Cuando se va me pongo a hacer deberes. Me voy a dormir a las once.

    Y a mitad de la noche me despierto con un sonido estruendoso en la calle.   

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