Me levanto de golpe. Eso ha sonado a cristales rotos. Me acerco a la ventana del salón, que da a la calle de al lado. Se oyen voces y vislumbro el halo de una linterna que se mueve.
-¡Vamos! Joder, daros prisa...
-¡Ya lo sabemos! Maldita sea, ¿crees que nos han oído?
-¡Y yo qué sé! Pillad lo que podáis y vámonos.
Estaban robando... ¿Qué tienda? Había varias en esa calle... ¿Debería llamar a la policía? Dios... me asomo un poco más y veo a tres personas de negro junto a la tienda de móviles, que tiene el escaparate roto. Dos están recogiendo lo que pueden y el otro, que supongo es el primero que habló, vigila, moviendo la linterna en muchas direcciones. De repente apunta hacia aquí. Me agacho lo antes que puedo.
-¿Quién vive ahí?
-Una chica de cuarto. ¿Habéis terminado?
-Si, vámonos, venga.
Me quedo ahí un rato hasta que ya no se oye nada más. Al final me asomo y compruebo que se han ido. Decido no llamar a la policía. Seguramente los pillen pronto...
Vuelvo a la cama y me duermo, sin darle más vueltas.
A la mañana siguiente, jueves, Henry ha causado el efecto deseado por Marcus. Se sienta delante de mí. Me guiña un ojo al verme entrar y le sonrío, aun algo avergonzada por lo sucedido ayer. Marcus me sonríe desde su sitio y yo hago otro tanto. A decir verdad, durante la clase todo parece marchar estupendamente. July no deja de picarme o hacer apreciaciones sobre qué puede escribir para el periódico del instituto. La verdad es que no le hago mucho caso, pues me he centrado mucho en la clase. El profesor de educación física ha estado toda la hora explicando asuntos técnicos spbre sus métodos de evaluación.
-La semana que viene traed material deportivo, empezaremos a dar clases en serio-Termina.
Cuando suena el timbre subo a la clase de dibujo. Henry va conmigo y se sienta a mi lado cuando entra el profesor.
-¿Estás bien?
-Sí, ¿por?-le respondo.
-Porque ayer no parecías bien en absoluto.-No le contesto y abro mi cuaderno. Veo por el rabillo del ojo que se vuelve hacia sus cosas-de todas formas no es asunto mío. Aunque creo que no te haría daño contármelo.
-¿Por qué lo crees?
-¿Ves como te pasa algo?-exclama, dándome un toque en el hombro.
Me quedo de piedra y no encuentro palabras. Se parece tanto a Marcus que parece que esté hablando con él. Empiezo a dibujar lo que aparece en la diapositiva. Henry igual. Y de pronto, sin saber por qué lo hago, empiezo a contestarle.
-Lo que me pasa ahora es que hay algo que me inquieta, y no puedo contarle a nadie.-le susurro.
Ni se inmuta. Sigue concentrado en su dibujo. De pronto me parece como si las líneas que hay sobre el papel no tuvieran sentido. Resoplo, las aparto y miro de reojo su papel.
Dios, qué rápido es. Dibuja las líneas sin dudar. Tras hacer unas más, con las que el dibujo ya tiene mucho sentido, me mira. Aparto la mirada bruscamente de su papel y miro al tejado.
-¿Ni siquiera a Marcus?
-¿Qué?
Por unos segundos me quedo desconcertada, sin saber a qué se refiere. Hasta que una lucecita se enciende y recuerdo de qué estábamos hablando.
-Ni siquiera a Marcus.
-Puedes contármelo a mí.
No sé si reírme o tomarme en serio lo que me ha propuesto. No es descabellado, y... en fin. No. No puedo andar contando las cosas por ahí ¿no? Aunque es el hermano de Marcus.
-Y July es la hermana de Nathan-me reprocha una vocecita.
-No sé.-respondo finalmente. Henry enarca una ceja y se encoje de hombros.
-Si decides que puedes contármelo, aquí estoy- se ofrece, guiñándome un ojo, y vuelve a su cuaderno.
El resto de las clases no tienen nada digno de contar. Al salir Marcus me pregunta si vamos juntos a casa. Voy a contestarle cuando Nathan se me acerca, y me pide hablar conmigo a solas.
-Claro, ahora voy-le digo. Marcus lo entiende y se despide. Sin embargo Henry nos mira y luego mira a Nathan desconcertado cuando este me pasa un brazo por los hombros. Aparto la vista y atiendo a Nat.
-Quería comunicártelo a ti primero Emmi-me dice. Le lanzo una mirada interrogante y se pone enfrente de mí. Coge aire y suelta lo que quería decirme-Voy a tabajar en la comisaría.
-¿De verdad?-exclamo.
Aquí he de hacer una aclaración: donde vivo, trabajar en una comisaría, a órdenes del sheriff, es de una gran importancia. Digamos que tanto como en las películas del oeste. Le sonrío y le abrazo, orgullosa.
-Y lo primero que tengo que hacer es pillar a los ladrones que ayer se llevaron todas las existencias de la tienda de móviles.
Se me hace un nudo en la garganta al recordar que yo soy testigo de ello. Me lo cayo y le deseo suerte. Nos despedimos y me dirijo a casa. Y esta vez no es con Marcus con quien me encuentro al girar la esquina.
-Hola Henry.
-¿Qué pasa aquí?-no se anda con rodeos. Ahora sé que Marcus no le ha contado nada.
-Pregúntale a Marcus. No sé si...
-Dímelo tú Emma.-exige, con una mirada dura.
-Mira, Henry, no...
Me callo en el momento en el que sé acerca rápido y me aprisiona contra la pared, amenazante. Me asusta la mirada que me dirije y este movimiento repentino. Noto la boca seca y no sé cómo reaccionar.
-Henry... ¿qué haces?-susurro. Él ni se inmuta, en cambio su mirada se endurece.-Henry...-suplico.
Y reacciona. Se separa de mí al momento y me mira asustado. Yo no me muevo. Me da miedo. Da un paso hacia mí levantando un poco un brazo y cierro los ojos. Él se detiene y retrocede.
-Lo siento-musita. Se va corriendo antes de que me de tiempo a decir nada.
Voy a casa. No sé qué pensar de esto.
Una vez termino de comer me pongo a hacer deberes de biología y demás. Al cabo de una hora he terminado.
-Por fin-digo mientras me estiro. Giro la silla, que es de ruedas, y me levanto. Son las cuatro y media. Hace mucho calor. Abro la ventana y decido tomar una ducha.
Abro el grifo del agua caliente y me desnudo. Me meto en la ducha y cierro los ojos, dejando que el agua me salpique en la cara. Un rato después termino y cierro el agua. Y oigo pasos.
Aguanto la respiración y no me muevo. ¿Quién puede haber en casa? Salgo de la ducha y me envuelvo una toalla. Me acerco a la puerta, entrecerrada, y miro por la rendija.
-Hola cariño- me dice mamá, que se estaba acercando a la puerta. Noto de nuevo la sangre circular por mis venas.
-Hola mamá-respondo.
No entiendo cómo pude asustarme esta manera... En fin, tras acabar de sacarme el pelo me explica que mañana tiene el día libre y que luego estará una semana fuera.
-¿Por qué?
-Porque me han llamado de Astillo. Tienen previstas varias intervenciones para la semana que viene y dos de los cirujanos jefes están de baja. Me lo han pedido como un favor y he aceptado. Si tengo tiempo iré a visitar a Lara y puede que me quede unos días más de lo necesario si pretendo ir a visitar a Noelia.
Lara es su hermana. Es decir: mi tía. Noelia una buena amiga de mamá. Hablan mucho por teléfono, y siempre he tomado su amistad como ejemplo de que la distancia no siempre separa a los amigos.
-Supongo que estarás bien sola tanto tiempo ¿no?
Asiento y se va a dormir tras darme un beso. Son las cinco y media ya. Suena el móvil: es Marcus.
-¿Si?
-Hola princesa.
-Hola Marcus.
-¿Estás bien?
-Si. ¿Por...?
-Quería pedirte disculpas de parte de mi hermano. Me ha contado lo que pasó. Creo que te debo una explicación.
-Esto... No pasa nada...
-No, escucha. Henry tiene un... problema. Es... esquizofrénico.
-¿Qué?
-Sí. Lo sé, es un poco... En fin. No se lo tengas en cuenta, él no es así. Casi nunca da muestra de ello, se medica. Pero a veces...
-De acuerdo... lo entiendo. Dile que le perdono. Que no se preocupe: ya está olvidado. ¿De acuerdo? No pasa nada.
-Gracias, Emma.-Se calla un segundo y vuelve a hablar-¿Quedamos?
-Vale. ¿Dónde? ¿Vienes o voy?
-Voy yo.
-OK. Hasta ahora.
-Hasta ahora.
Cuelgo y recuerdo que mamá está en casa. Lanzo una maldición y bajo al segundo piso. Me quedo mirando el móvil cuando vuelve a sonar con el número de Nathan.
-Hola cariño-me dice al descolgar.
-Hola Nat.
-¿Te apetece ir a dar una vuelta?
-¿A qué hora?-pregunto.
-Ahora mismo.
-Lo siento, hasta dentro de... una hora no puedo, aún no he acabado los deberes.
-Pues en una hora paso a buscarte entonces.
-¡Claro!
-Un beso.
Cuelga y respiro hondo. Lo he esquivado muy fácil.
Un segundo. ¿Lo he esquivado? ¿Por qué esquivo a Nat? Es mi novio y me gusta ¿no? Sí... claro que sí. ¿Qué me pasa?
Suena el timbre y voy a abrir. Marcus me sonríe al verme abrir la puerta y entra. Cierro y me abraza por detrás, besándome el cuello.
-Tenía ganas de estar contigo a solas.-me susurra.
-Está mi madre arriba durmiendo.-le prevengo.
-No pasa nada-dice. Se me suelta y se pone delante de mí- Creo que sé ser silencioso.
Nos besamos y subimos hasta la cocina. El mira la silla en la que se sentó la noche que me besó por primera vez. Hace tan poco...
-Me gusta este sitio.-Dice. Saco una bolsa de patatas fritas.
-¿Te gustan estas?-pregunto, enseñándoselas.
-Me encantan-responde. Me rodea el cuello con un brazo y añade-Me gusta la idea de pasar contigo la tarde.
-Esto... no puede ser...en una hora...-le digo. Se le ensombrece la mirada por un instante, pero luego vuelve a sonreír.
-¿Nathan?-Asiento sin más y se encoge de hombros.-Pues aprovechemos el tiempo.
No vamos al salón y nos tumbamos en el sofá, dejando la luz a pagada y las persianas bajadas como están. Me acaricia la cara. Despacio. Siempre parece como si tuviera miedo a que me evapore en el aire. Pero yo no voy a evaporarme ¿no?
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