En una ífima fracción de tiempo, en lo que dura un pestañeo, un latido acelerado, un reflejo innato o el batir de las alas de un colibrí, todo puede cambiar o seguir siendo como hasta ahora.
Pos una palabra mal dicha; por una mirada no debida; por un gesto innecesario; por un suceso inesperado...
Todo puede truncarse o seguir su camino.
Todo puede continuar o precipitarse al vacío.
Todo puede girar 180° y volver se irreconocible.
O simplemente, avanzar sin interrupción.
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