Quiero tocar la guitarra siempre.
Quiero aprender más cada día.
Quiero componer, cantar y relajarme con este instrumento.
Porque lo que siento al tocarlo es... alegría.
lunes, 20 de mayo de 2013
Guitarra.
Mini-tópico de peli de amor.
-¿Qué?-preguntó él, cuando ella pronunció su nombre.
-...Me debes un baile.- Puso cara de incógnita-¿recuerdas tantas veces que me animaste a bailar y yo me negué?
-Sí...
-Pues hoy te lo pido yo. Un baile.
Ella estaba apoyada en el muro, con su bestido blanco de verano, mirando las estrellas. Él sentado a su lado, en el césped, con su camiseta blanca de manga corta y sus baqueros. La moto estaba apoyada en el camino.
Se levantó y le dio la mano, le rodeo la cintura. Aunque estaban lejos de la orquesta, la musica se oía erfectamente. No había nadie más. Se movieron al pausado ritmo de vals que marcaban una batería y un teclado, sin prestar atención a una letra de amor que no contaba la historia de ninguno de los dos.
Ella miraba hacia abajo, y él, sin entender nada, le hacía girar en los compases que no tocaba, haciéndola reír, sonriendo.
Al sonar las cadencias semiperfectas que marcaban el fin de la canción, se frenaron y ella apretó su mano. Ambos miraban abajo, uno frente al otro, con las frentes casi rozándose. Con la nota final, ella levantó la vista.
-Abrázame, porfavor.
-¿Qué?
-Porfavor...-susurró. Él rodeó su cuerpo y la apretó contra sí. Ella entonces se dejó caer en sus brazos y, escondiendo el rostro entre su cuello y su hombro, lloró. Lloró lo que hasta aquel momento no había llorado frente a nadie. Lloró, y él pareció comprender, entre sus sollozos y los aplausos del público a lo lejos, que no debía hacer nada más que abrazarla.
Ella empezó a hablar. Le confesó todo lo que sentía, todo. Cuánto le quería, lo mucho que deseaba estar con él, cuánto sufría amándolo y la fuerza y el tiempo que había dedicado a intentar olvidar sus sentimientos sin éxito. Lloró y confesó todo aquello que temía que rompiera su amistad de forma irreparable.
Por eso le pidió que confiara en ella. Que fueran siempre amigos. Que le tuviera en cuenta, que siempre estaría ahí.
Y él escuchó, sin saber realmente qué hacer.
Sin palabras. Sin encontrar una acción correcta. Sin nada adecuado. Sin saber la manera de hacer que dejase de sentirae tan desconsolada.
Con muchos sentimientos: empatía, cariño, fraternidad, amistad... pero ninguno que pudiera corresponderla.
-...Me debes un baile.- Puso cara de incógnita-¿recuerdas tantas veces que me animaste a bailar y yo me negué?
-Sí...
-Pues hoy te lo pido yo. Un baile.
Ella estaba apoyada en el muro, con su bestido blanco de verano, mirando las estrellas. Él sentado a su lado, en el césped, con su camiseta blanca de manga corta y sus baqueros. La moto estaba apoyada en el camino.
Se levantó y le dio la mano, le rodeo la cintura. Aunque estaban lejos de la orquesta, la musica se oía erfectamente. No había nadie más. Se movieron al pausado ritmo de vals que marcaban una batería y un teclado, sin prestar atención a una letra de amor que no contaba la historia de ninguno de los dos.
Ella miraba hacia abajo, y él, sin entender nada, le hacía girar en los compases que no tocaba, haciéndola reír, sonriendo.
Al sonar las cadencias semiperfectas que marcaban el fin de la canción, se frenaron y ella apretó su mano. Ambos miraban abajo, uno frente al otro, con las frentes casi rozándose. Con la nota final, ella levantó la vista.
-Abrázame, porfavor.
-¿Qué?
-Porfavor...-susurró. Él rodeó su cuerpo y la apretó contra sí. Ella entonces se dejó caer en sus brazos y, escondiendo el rostro entre su cuello y su hombro, lloró. Lloró lo que hasta aquel momento no había llorado frente a nadie. Lloró, y él pareció comprender, entre sus sollozos y los aplausos del público a lo lejos, que no debía hacer nada más que abrazarla.
Ella empezó a hablar. Le confesó todo lo que sentía, todo. Cuánto le quería, lo mucho que deseaba estar con él, cuánto sufría amándolo y la fuerza y el tiempo que había dedicado a intentar olvidar sus sentimientos sin éxito. Lloró y confesó todo aquello que temía que rompiera su amistad de forma irreparable.
Por eso le pidió que confiara en ella. Que fueran siempre amigos. Que le tuviera en cuenta, que siempre estaría ahí.
Y él escuchó, sin saber realmente qué hacer.
Sin palabras. Sin encontrar una acción correcta. Sin nada adecuado. Sin saber la manera de hacer que dejase de sentirae tan desconsolada.
Con muchos sentimientos: empatía, cariño, fraternidad, amistad... pero ninguno que pudiera corresponderla.
sábado, 18 de mayo de 2013
Hasta que hace unos días volví a patinar, ¡no me había dado cuenta de que...
![]() |
| ...Amo esta sensación de libertad! |
Recuerdo por qué empecé. Porque me gustaba un chico al que le encantaba. Y quise probarlo. Si a él le gustaba, debía haber algo en ese deporte.
Y vaya que si lo había... Deslizarse por la acera, la carretera, la pista... El viento te da en la cara, mantienes contínuamente el equilibrio, levantar los brazos y reír, sonreír... Gritar ''¡Uuuuuuh!'' mientras aumenta la velocidad y olvidar lo que te rodea.
Luego paré. No conseguía hacer nada más que deslizarme. Ni un ollie. Ningún truco, aunque lo intenté cientos de veces. La gente me veía y se reía, porque, según ellos, estaba siguiendo una moda. Una moda que no me iba. Paré porque me sentí inútil. Jamás sabría hacer skate.
Y pasó tanto tiempo... a veces sacaba la tabla para practicar, pero no era capaz de nada más que lo de siempre, deslizarme por el asfalto.
Hace unas semanas volví a empezar. Y dios... fue... Hasta ese momento en que bajé por la carretera subida al skate, ¡no me había dado cuenta de cuánto amo esa sensación de libertad! Lo hago porque me gusta. No sigo una moda, y si no aprendo ningún truco, da igual. Me gusta hacer esto. Bajar dos kilómetros subida en mi tabla azul, y sonreír. Ponerme los cascos mientras bajo, y no ser conscienta de nada más que el suelo, el aire, la música, y yo.
-Volando-
sábado, 11 de mayo de 2013
:)
Estoy contenta.
Preparada para cualquier reto.
Motivada para conseguir lo que quiero.
Ilusionada a que lleguen, poco a poco, las fechas ansiadas.
Deseosa de ver a lejanas amistades.
Espero a que crezca la luna.
Luna llena, en mi alma, en mi corazón.
Luna llena. Brillante, grandiosa.
Reina de la noche sin estrellas.
lunes, 6 de mayo de 2013
Danza del cuculo.
Heyeheyheyheeeey!! ¿Qué tal? Bueno, este es mi segundo vídeo, y la verdad, no estoy muy orgullosa de él ^^'
Cosas de mi padre: Le gusta la canción en la guitarra eléctrica, así que la subí :3
La ensayo para guitarra española, así que aquí no me sale del todo bien xP Pero bueeeeeeeeeno.
En breve subiré otro vídeo ^^ Así, que...
Chagüito ^^
domingo, 5 de mayo de 2013
Misión: olvido.
-Si olvidas a alguien, también olvidas tus sentimientos hacia esa persona ¿verdad?
Tenía los ojos llorosos, y estaba arrancando hierba. Bestía una camiseta de sisas blanca y unos pantalones cortos negros. El curso había terminado dos días antes. El riachuelo que corría a pocos metros apenas ensordecía el canto de los pájaros, de los grillos y el suspiro de los árboles al ser mecidos con el viento. Yo estaba tumbada a su lado. Sabía lo que le pasaba, para algo éramos amigas. Al parecer por fin se planteaba rendirse... aunque me sentía mal por ella. Aquel chico de verdad valía la pena.
Yo no estaba interesada, ni mucho menos. Apenas le conocía. Pero entres las veces que hablamos y lo que Julia me contaba, lo veía claro.
Verlos juntos era como escuchar una cadencia casi perfecta.Armonizaban como nunca había visto, aunque fallaba un factor, como todo lo que en esta vida parece perfecto. Ellos eran amigos de la infancia. Así la veía él, como una amiga, y no había más que hacer. Él se había echado novia y ella lo sufrió todo en silencio. Incluso a mí dejó de contarme lo detalles.
El hecho de que se rindiera por un lado me entristecía, porque sabía que sus sentimientos eran sinceros. Por otro lado, pensaba que así por fin volvería a sonreir como antes.
Nunca le había visto llorar. Me sobresalté y me incorporé. Ella seguía mirando al suelo, pero tenía los puños apretados contra la tierra, y los ojos fuertemente cerrados.
-Tranquila, no pasa nada... con el tiempo...
Posé una mano en su hombro y ella, llorando más fuerte, me abrazó.
-Le quiero, Aya, le quiero de verdad. Si le olvidó dejaré de quererle ¿verdad?-sollozaba fuertemente- si le olvido dejaré de sufrir...
-¿Y renunciarás a su amistad?
Me miró con los ojos muy abiertos y luego sollozó más fuerte. Le abracé susurrándole y dándole palmaditas en el hombro.
-No puedo... no puedo olvidarle. No quiero perderle como amigo, pero así no le olvidaré...
-Aunque le olvides creo que seguirás sintiendo eso... no es el camino... creo que... aunque seguirás sufriendo, lo irás asimilando. Y al final te acostumbrarás... encontrarás a alguien más...
-De verdad... va a ser muy difícil.-sollozó tras unos momentos.
Lloró para desahogarse. Y quizás, me hizo ver una cara de la vida que no conocía en primera persona.
Y el río, los pájaros, los grillos y el viento siguieron su canción. Y el sol su curso.
Y siguió pasando el tiempo.
Tenía los ojos llorosos, y estaba arrancando hierba. Bestía una camiseta de sisas blanca y unos pantalones cortos negros. El curso había terminado dos días antes. El riachuelo que corría a pocos metros apenas ensordecía el canto de los pájaros, de los grillos y el suspiro de los árboles al ser mecidos con el viento. Yo estaba tumbada a su lado. Sabía lo que le pasaba, para algo éramos amigas. Al parecer por fin se planteaba rendirse... aunque me sentía mal por ella. Aquel chico de verdad valía la pena.
Yo no estaba interesada, ni mucho menos. Apenas le conocía. Pero entres las veces que hablamos y lo que Julia me contaba, lo veía claro.
Verlos juntos era como escuchar una cadencia casi perfecta.Armonizaban como nunca había visto, aunque fallaba un factor, como todo lo que en esta vida parece perfecto. Ellos eran amigos de la infancia. Así la veía él, como una amiga, y no había más que hacer. Él se había echado novia y ella lo sufrió todo en silencio. Incluso a mí dejó de contarme lo detalles.
El hecho de que se rindiera por un lado me entristecía, porque sabía que sus sentimientos eran sinceros. Por otro lado, pensaba que así por fin volvería a sonreir como antes.
Nunca le había visto llorar. Me sobresalté y me incorporé. Ella seguía mirando al suelo, pero tenía los puños apretados contra la tierra, y los ojos fuertemente cerrados.
-Tranquila, no pasa nada... con el tiempo...
Posé una mano en su hombro y ella, llorando más fuerte, me abrazó.
-Le quiero, Aya, le quiero de verdad. Si le olvidó dejaré de quererle ¿verdad?-sollozaba fuertemente- si le olvido dejaré de sufrir...
-¿Y renunciarás a su amistad?
Me miró con los ojos muy abiertos y luego sollozó más fuerte. Le abracé susurrándole y dándole palmaditas en el hombro.
-No puedo... no puedo olvidarle. No quiero perderle como amigo, pero así no le olvidaré...
-Aunque le olvides creo que seguirás sintiendo eso... no es el camino... creo que... aunque seguirás sufriendo, lo irás asimilando. Y al final te acostumbrarás... encontrarás a alguien más...
-De verdad... va a ser muy difícil.-sollozó tras unos momentos.
Lloró para desahogarse. Y quizás, me hizo ver una cara de la vida que no conocía en primera persona.
Y el río, los pájaros, los grillos y el viento siguieron su canción. Y el sol su curso.
Y siguió pasando el tiempo.
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