Una historia entre millones, de las que hoy día hay en España:
Manuela, una mujer que se casó a los veinticinco años. Fue víctima de malos tratos a manos de su marido, hasta que diecinueve años después, con cuarenta y cuatro, se separaron. No tuvo hijos.
Manuela no tenía estudios, sólo primaria, pues de pequeña había tenido que dejarlos para ayudar a su padre en su tienda y a su tío en el bar. Buscando y buscando, encontró un piso barato para vivir, y pidió una hipoteca, pero necesitaba buscar un trabajo. Antes no lo había hecho, porque su marido era el que trabajaba fuera de casa Para ello, decidió sacarse el título de la ESO, y tras unas semanas lo consiguió. Entonces le aceptaron en una fábrica de coches, colocando las tuercas que las máquinas no pueden colocar. Era un trabajo duro, y ya llevaba dieciséis años trabajando en ello, con su nueva vida, que aunque no era un camino de rosas, para ella era una vida que disfrutaba con su esfuerzo y de la que veía recompensa.
Hace unos meses, la fábrica tuvo que cerrar por falta de presupuesto para pagar los salarios, y Manuela se quedó en la calle. Tiene sesenta y tres años, y al quedarse sin salario, no pudo pagar la hipoteca de su piso y se lo embargan. Por ahora se las apaña porque tiene unas amigas que la acogen, pero eso no es para siempre. Nadie la acepta para ningún trabajo.
La semana pasada ha ido a hablar con su asistente social, para buscar una solución. Después de lo que le dijo, ahora no sabe si tener esperanzas, o si ha hecho algo mal para que le pase lo que le pasa.
"Pues vaya apañándoselas como pueda: busque algunos trabajos temporales, ahorre algún dinerillo, y vaya reservando una plaza en la residencia municipal."
Una historia que ahora mismo, en este país, se puede encontrar multiplicada por millones.
"Esta historia no es mía. Mi padre me la dijo, y yo la escribo aquí, para que alguien más pueda leerla".
lunes, 28 de mayo de 2012
viernes, 18 de mayo de 2012
Para mi madre...
De mi madre puedo decir mucho
aunque en palabras es difícil poner,
voy a intentar explicarlo todo
y un poema breve hacer.
Es inteligente,
aunque diga que no
a veces resuelve problemas
de difícil solución.
Trabaja mucho y no descansa,
creo que necesita relax,
es buena en puzles y juegos
difíciles de pasar.
Es joven y guapa
y me gusta parecerme a ella,
y creo que tiene cualidades
que no nos enseña.
Como esas veces que dice:
"No sé dibujar"
y coge un lápiz, lo intenta...
y te deja con la boca abierta.
Le gusta escuchar música
aunque no tocar,
pero las veces que prueba
enseguida una melodía sacará.
Escucha lo que le cuento
y consejos sabe dar
cuenta cosas de su infancia
que me habría gustado observar.
A veces le grito o le contesto,
pero porque estoy de mal humor,
y luego me siento culpable
y es ella quien me pide perdón.
Yes difícil poner en letras
toda su dedicación,
sus cuidados desde siempre
y su atención.
Me hace favores de todo tipo
y se pasa un poco,
cuando ella está incómoda o cansada,
por hacernos felices a las dos.
Quizás parezca poco,
pero es un montón
y me faltan cosas
que diré en otra ocasión.
martes, 1 de mayo de 2012
Somos borregos hacia el matadero.
Nos dicen:
- Que los inmigrantes tienen que pagar por la sanidad. Y que hay que pagar más por los fármacos, con la receta.
- Que no hay dinero para mejorar la situación.
- Que abaratan el despido.
- Los funcionarios cobrarán menos si están de baja.
- Que todos esos peces gordos que roban millones del dinero público quedan absueltos si devuelven un 10% de lo que robaron.
- Que los recortes que se están haciendo serán efectivos, que acabará la crisis y el desempleo, etcétera, etcétera...
- Que no censuran la información.
Yo digo:
- Somos borregos.
Somos sumisos. Y creo que el término "eclavo" también podría empezar a usarse de nuevo dentro de poco.
Si no ya.
Sólo una cosa más. Tengo 15 años y lo entiendo.
¿Que les pasa a los políticos y a los millones de adultos que hay en España? (y en el mundo, porque en todos lados parecido).
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